¿Porqué tú Acción Nacional?

Qué cortos han quedado los objetivos de AN. Hoy todo es ganar; la victoria para nuestros compañeros de partido queda reducida al resultado de una pinchurrienta elección. ¿Dónde quedaron aquellos hombres y mujeres dispuestos a mejorar sus comunidades? ¿Donde quedó el heroísmo y ese supuesto famoso inquebrantable respeto a la persona humana? Se lo acabaron todo.
No se supone que los tiranos iban a temblar al oir: "una patria generosa y una vida con honor"? Entonces ¿Por qué, por qué al tirano lo hicimos candidato? al delincuente, al sapo iscariote lo pondremos en el pedestal más alto de la ciudad, para que le ponga su nombre a los jardines, para que se robe las obras de la ciudad, para que ensucie, para que manche la dignidad de la ciudad, para que endeude al ayuntamiento con sus locuras, para que colme de sus amigos y compadres la nómina del Ayuntamiento... el sapo ya se comió el cerro, ya instaló sus carpas invernaderas, ya puso sus empresas contaminantes, ya hizo un hoyo donde estaba una glorieta.
¡Qué triste Acción Nacional! ¡Qué triste que seas tú, quien imponga al explotador de campesinos, al que roba tierras, a quien con su lógica extractiva se acaba el agua del Valle de San Francisco, al que siembra miseria, al que engaña, al que genera desconfianza entre los empresarios, al que hace siempre negocio mañosos, a ese que ofrece lotería sin comprar boleto! Es triste porque ese no era nuestro destino!
Payán no es, ni puede ser voz, porque ni siquiera sabe lo que significa el término. La voz no viene del dinero, ni de una campaña. No viene del buffete de un restaurante, ni de la comida echada a perder que le dan a los presos; la voz no viene del salario miserable que se le paga a un campesino despojado, ni a un obrero; la voz no se mercadea, ni siquiera de contrabando (ni siquiera de fayuca) no viene de la transa, del engaño; tampoco la voz viene del estadio, por muy lleno que se encuentre; la voz no viene del garrote, ni de la policía. La voz es autoridad, poder legítimo; la voz dicen algunos viene de Dios o del pueblo. ¿Quién se autoproclama la voz del pueblo? Un loco que no sabe lo que dice, un idiota al que no le importa, un farsante que nos engaña o un miserable que se burla de nosotros.
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